El 17 de Octubre en el Bicentenario: el sinuoso camino hacia la fiesta de la democracia

 

“Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el cimiento básico de la nación que asomaba, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto. Era el substrato de nuestra idiosincrasia y de nuestras posibilidades colectivas allí presente en su primordialidad sin recatos y sin disimulos”   Raúl Scalabrini Ortiz, Yrigoyen y Perón, Bs. As., Plus Ultra, 1972, fragmento

 

 

doy también el primer abrazo a esta masa inmensa que representa la síntesis de un sentimiento que había muerto en la Republica: la verdadera civilidad del pueblo argentino. Esto es pueblo; esto es el pueblo sufriente que representa el dolor de la madre tierra, al que hemos de reivindicar. Es el pueblo de la Patria, el mismo que en esta histórica plaza pidió frente al Cabildo que se respetara su voluntad y su derecho. Es el mismo pueblo que ha de ser inmortal, porque no habrá perfidia ni maldad humana que pueda someter a esta masa grandiosa en sentimiento y en número. Esta es la verdadera fiesta de la democracia, representada por un pueblo que marcha a pie durante horas, para llegar a pedir a sus funcionarios que cumplan con el deber de respetar sus auténticos derecho”                                         Juan D. Perón, Discurso del 17 de Octubre de 1945, fragmento 

 

 

Hace 200 años, el pueblo, corporizado en un conjunto de patriotas, se apostaba frente al Cabildo logrando torcer el rumbo de la historia, al revertir la conformación de una junta que mantenía al virrey a la cabeza respondiendo aún a los intereses de la corona española. Así, el 25 de Mayo de 1810 se proclamó el primer gobierno patrio, expresión de un nuevo poder político en el Río de la Plata.

Hace 65 años, el 17 de Octubre de 1945, nuevamente el pueblo, encarnado ahora en una masiva movilización de trabajadores, se reunió en la Plaza de Mayo encauzando otra vez la dirección de nuestra historia al conseguir la libertad del Coronel Juan D. Perón y allanar de este modo la llegada al poder de un gobierno democrático representativo de las clases hasta entonces postergadas.

El mismo escenario, libretos similares, aquí y allí la presencia del pueblo. Aunque estos actos parezcan la perpetuación del mismo instante, los actores irían cambiando, muchas transformaciones habían tenido lugar a lo largo de esos años.

Así, la historia nos engaña simulando su repetición, sobre todo en aquellos acontecimientos que forman parte de un mismo recorrido y este es el caso de la lucha por la democratización de la sociedad. En ese devenir, sensiblemente lento, de un mundo más libre e igualitario en cuanto a derechos, se entroncan los sucesos de mayo con los del 45, ensamblados también por la apertura democrática política que significó la sanción de la Ley Sáenz Peña en 1912. A cada uno de estos momentos corresponde la aparición en escena de un nuevo sujeto social, un nuevo actor político que se incorpora con un rol protagónico en las decisiones centrales del país, modificando en algún sentido el orden previamente establecido.

Los patriotas jacobinos abrieron el camino en los umbrales del siglo XIX al calor de las guerras independentistas y las revoluciones liberales, subvirtiendo el antiguo orden colonial basado en los privilegios y las férreas diferencias etno-estamentales. Cien años después, los sectores acomodados de las clases plebeyas, lo que podríamos llamar clase media o pequeña burguesía, acceden, luego de recurrentes conflictos, a la participación y representación política llevando al poder al líder popular de la Unión Cívica Radical Hipólito Yrigoyen, terminando con el orden oligárquico. El 17 de octubre de 1945, el movimiento obrero hace su aparición como vital protagonista de la arena pública. Aquella célebre jornada vio a los parias de la tierra, a los trabajadores, a los excluidos de las bondades del país, a aquellos despectivamente llamados cabecitas negras o descamisados; emerger en la superficie de la nación para elevar las voces y ocupar los espacios que ya nunca podrían ser desconocidos o negados. Era el gran salto a la verdadera democratización política y social…

Pero sucedió que los dos acontecimientos del siglo XX que dieron paso a la llegada al poder de gobiernos populares elegidos democráticamente y que significaron la incorporación de las masas en la vida pública institucional fueron clausurados por sendos golpes de estado. El primero, en 1930, retomaba las prácticas fraudulentas imperantes del orden conservador oligárquico, inaugurando la tristemente famosa década infame. El segundo, el de 1955, vino a abrir un proceso de disciplinamiento y domesticación de los trabajadores, marcado por el crecimiento de la violencia y la intolerancia, cuyo objetivo principal era preparar la sociedad para vivir en una “democracia normal en el absoluto respeto por las instituciones”. La idea de normalidad significaba democracia sin poner en riesgo los intereses de los sectores tradicionalmente dominantes. Lamentablemente, hoy, a 27 años de la caída del último gobierno de facto que se expresaba en esos términos, seguimos escuchando discursos que apelan a los mismos contenidos de la normalidad y la institucionalidad para oponerse a las movilizaciones de los sectores más marginados y a las medidas más populares de gobiernos democráticos. Esos enunciados edulcorados de respetabilidad republicana no son más que mezquinos disfraces de quienes todavía se niegan a aceptar una plena democracia política y social en la que participemos todos y todas. Siguen siendo parte del país que discrimina, del país de unos pocos.

Esto es lo que hace e hizo que el 17 de octubre no pueda ser vivido como un día de celebración de todos los argentinos. Mientras existan los que coartan los avances democráticos, el 17 de octubre, el día de la lealtad, seguirá siendo, como lo fue durante la resistencia, la bandera de los que luchamos por una sociedad más libre, justa y soberana, en la continuidad de aquellos que hace 200 años nos marcaron el camino.   

Martín Rivadero Paiva

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~ por historiaenmarcha en 18 octubre, 2010.

Una respuesta to “El 17 de Octubre en el Bicentenario: el sinuoso camino hacia la fiesta de la democracia”

  1. DIALOGO DIOS Y KIRCHNER: “Quiero darte unos consejos para que se los transmitas a Cristina para que sepa como actuar con los traidores. ¿Te acordás cuando en “la última cena” Judas vendió a mi hijo por una monedas? Bueno … al desgraciado le hice sentir tanta culpa que solito se ahorcó en un árbol.
    Ya pasaron dos milenios, ¿y qué recuerdo quedó de Judas? A nadie le importa: no existe ni una estampita suya, ni un souvenir. Todo el merchandaising quedó para mis discípulos leales. Y, lo que es peor, el nombre Judas quedó asociado a la maldad y la traición. No quiero exagerar pero creo que hasta Hitler, Musolini o Franco tuvieron más suerte que él.
    ¿Cómo pensás que va a terminar Cobos?”
    PD: Dios le dice a Néstor:
    “Ponete contento. Hoy en Argentina ha nacido el tercer movimiento histórico, después del radicalismo y del peronismo, el kirchnerismo. Y no sólo lo digo yo, lo dice tu gente en las calles. Vení, mirá hacia abajo desde esta nube. Esa multitud te está vitoreando”
    VOX POPULI, VOX DEI. La voz del pueblo es la voz de Dios
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