Aguasfuertes Universitarias. Segunda Postal

Sin duda alguna esta segunda imagen es harto mas violenta y poco adecuada al vocablo de un intelectual pero ustedes queridos interlocutores sabrán comprender situaciones condicionadas por las febriles caminatas urbanas, pues ya no se si fue tratando de hacer tiempo o tejiendo el grueso bordado de la consciencia sobre de mis actos que he dado con la vidriera del local de EUDEBA (Editorial Universitaria de Buenos Aires) algún mediodía porteño. Mirando a través del vidrio he encontrado obras que eran de un total interés personal y otras que no tanto como el libro El Dueño de Luis Majul pero como la falta de dinero en el bolsillo me alejó totalmente de la posibilidad de hacer transacción alguna, seguí mi camino vaya a saber donde. Avanzando por la anónima senda reparé un segundo en lo que había visto: ¿Qué mierda hacía el libro de Majul en la vidriera de EUDEBA? Entiendo perfectamente que su obra es tan comerciable como los libros de Bobbio o Benjamin que pudiera haber en vidriera. Todo esto me llevó a pensar en la mala situación cuantitativa y cualitativa de la educación pública superior, una degradación que lleva años y que será muy difícil revertir en tanto se den situaciones que desincentiven una discusión consecuente y tenga influjo en problemas cotidianos.

 Haciendo abstracción de todas las trabas habidas y por haber, imaginemos algo difícil pero no menos imposible: se realizan en un lugar X unas jornadas de discusión sobre la Ley de Servicios Audiovisuales casi a modo de foros amparados por la propia UBA donde graduados y estudiantes puedan exponer sus ideas al respecto. El éxito posible de la reunión suscita la idea a algunos de los participantes de recopilar todos los textos o testimonios vertidos en la discusión con sus respectivas respuestas y/o críticas en las jornadas de discusión ya planteada. La recopilación se transforma en una publicación editada por la propia editorial universitaria con el objetivo de ser comercializada a un público amplio dispuesto a leer e interiorizarse no solo por la ley sino por los debates en torno a ella protagonizados por personas no especialistas en la materia, con lo cual tal lectura no quedaría meramente reducida a bibliografía obligatoria de una materia también X como sucede con muchas de las publicaciones de EUDEBA.

            Ustedes tienen derecho a objetarme a través de un argumento no menos real: el presupuestario. Ya que si no hay dinero para reencuadernar las calamitosas ediciones existentes en las bibliotecas centrales de las facultades o para dotar a estas de ejemplares faltantes o renovarlos, mucho menos dinero habría para sacar una publicación ex nihilo.

El problema de rentas es una cuestión central para todas las agrupaciones políticas con alguna incidencia en la vida universitaria. Todos declaman por mayor presupuesto para la educación superior pública: desde el PCR hasta la Franja Morada. Sé que el problema es mucho más complejo y que quizás lo esté tratando con demasiada liviandad pero se podría ingeniar algún mecanismo como: destinar lo recaudado por las ventas de libros no pertenecientes a la editorial universitaria (ejemplo el libro de Majul editado por Planeta y así otros casos más) para financiar el tipo de obras que pudieran ser consecuencia de fructíferas reuniones sobre cuestiones que son cotidianas, ya que sería una vía amigable para acercar caminos distanciados entre el intelectual, caudillo de su torre de marfil, y el ciudadano común. 

            Sin embargo, todo lo anterior pertenece al terreno de la fantasía como las fábulas de Esopo; entonces, la desilusión es grande por no poder motorizar una empresa semejante. Pero para que ello ocurra debiera haber gente dispuesta a intercambiar ideas al respecto. Sinceramente no he visto solicitadas o manifiestos a favor de la ley desde los propios claustros universitarios. Mucho menos he escuchado y/o visto pronunciamientos a favor o en contra de intelectuales reconocidos con amplia llegada pública en los medios de comunicación (con toda la simpatía que uno pudiera tener por Felipe Pigna, José Pablo Feinmann o Gabriel Di Meglio, por citar a algunos, no se los ha escuchado explícitamente manifestarse públicamente sobre la Ley en cuestión aunque trabajar en medios de comunicación dependientes de los resortes estatales es ya una toma de posición bastante clara). Pero ¿Qué hay de los demás? No quisiera decir autoritariamente que es obligatorio emitir opinión pública al respecto, tampoco hablar de unos “deberes cívicos” propios de cada ciudadano ante situaciones como esta, en la que hay una ley sancionada pero que por un motivo u otro no puede ser aplicada. Solo me expresaré en estos términos: entiendo que algunos silencios propios dan voz (demasiada, ese es el problema) a quienes Bourdieu genialmente señaló como “doxosofos”. Ahí comprendo una buena razón para que Majul o los escritores de auto ayuda copen la parada en la vidriera de EUDEBA. La mayor toma de posición en estos temas, el acercamiento a otros sectores sociales, la pureza en el debate y la movilización de un número cada vez mayor de gente son instancias que nos permitirían mejorar nuestra calidad como institución universitaria (aunque no solucionen todos sus problemas), como parte y la diversidad de opiniones como todo social;  si es que queremos pensarnos como intelectuales con alguna incidencia en la sociedad.      

Charly Sánchez

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~ por historiaenmarcha en 27 agosto, 2010.

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