Con motivo del 160 aniversario de la muerte del General José de San Martín

La convocante figura de José de San Martín nos invita a reflexionar tanto desde la academia histórica como desde el bar de la esquina acerca de las implicancias históricas de su legado. Para los historiadores supone preguntarse si es la nacionalidad y el culto a los próceres el canal más adecuado para transmitir las noticas del pasado al presente. La historia dedicada a los grandes hombres muchas veces escondió detrás de mantos casi divinales la presencia y el rol de las “pequeñas figuras” que día a día hacen historia sin siquiera importarles si son sujetos con algún grado de trascendencia. De este modo, el común de la gente cree que los congresales de Mayo tenían como meta proclamar una revolución o que el propio San Martín ya tenía pensado de antemano cruzar los Andes y liberar a Chile y Perú.

La complejidad de la ciencia histórica radica en la insuficiencia de las prenociones. Asimismo, el rescate de la figura de San Martín ha sido ineludible para todos sus sucesores. Los diversos gobiernos militares han revalorizado su figura en tanto jefe de tropa e imagen varonil; el propio movimiento peronista también ha levantado su estandarte (en 1950 se conmemoró el centenario de su fallecimiento); algunos dirigentes socialistas de la primer época resaltaban su figura como la de un adalid del criollismo. Sin duda alguna estas diversas representaciones de una misma persona tienen en su fondo la cuestión de la nacionalidad y la pedagogía cívica, función cara a la ciencia histórica desde sus inicios como disciplina. 

Hoy día, cuando ese discurso resulta insuficiente, es preciso construir nuevos horizontes para nuestra disciplina. Para ello, la figura de San Martín sigue teniendo plena vigencia. Sin dejar de pensar en el patriotismo como elemento aglutinador, podemos ver en el general correntino un esbozo de unidad latinoamericana tanto en la liberación de Argentina, Chile y Perú como en la prolongación de aquellos actos mediante un pacto con Bolívar en Guayaquil consolidando la hermandad de naciones en construcción. Tal vez la UNASUR (Unión de Naciones Sudamericanas) y el proyecto ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de América) sean un principio de efectivización de aquellos valores de comunidad latina. Como se ve, hombres de ayer y hoy traen a la luz la figura de Don José. Curioso el destino de un hombre que desde su horizonte de exilio normando fue olvidado por sus contemporáneos.

Los tiempos míticos e históricos tienen algún viso de contradicción entre si. Sin embargo, viven en perpetua imbricación. Por paradójico que parezca, a veces la ciencia histórica se dedica a la construcción de mitos. Esta ingeniería es tan fascinante como la dedicada al derrumbamiento de los mismos. Algunas figuras como San Martín o Napoleón (a quien nuestro libertador combatió en nombre del rey de España antes de volver a su tierra natal en 1812) dificultan pero, al mismo tiempo, enriquecen esa labor; y ponen claro sobre oscuro nuestra situación en tanto productores diarios de historia. Es decir, hablan tanto por ellos mismos como por nosotros y tanto por su época como por la nuestra.     

“Charly Sanchéz”

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~ por historiaenmarcha en 18 agosto, 2010.

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