9 de Julio: El camino de la Independencia.

La conmemoración del acto independentista contiene en sí la complejidad y el esfuerzo de crear un país; y a su vez, de crear el mensaje histórico para quienes deben ejercitar y perfeccionar sus planteos más nobles. El festejo del Bicentenario ha supuesto un primer escalón desde el cual hemos mirado críticamente nuestro pasado. La fecha del 9 de Julio también debe ir en tal dirección. He aquí una palmaria síntesis de los hechos.

El Congreso se reunió en Tucumán en un clima de hostilidad hacia los representantes porteños. El contexto en el cual se produjo su convocatoria era inquietante: una expedición realista amenazaba el Río de la Plata y triunfaban movimientos contrarrevolucionarios en México, Venezuela y Chile; también estaba la amenaza portuguesa de la Banda Oriental. La resistencia montevideana privaba al Congreso de los diputados de la Liga de los Pueblos Libres y la influencia artiguista se sentía en Córdoba y La Rioja. El norte peligraba luego de la derrota de Sipe-Sipe y Díaz Vélez había sublevado al Ejército de Observación. En el Congreso de Tucumán convivían tres grupos políticos bien definidos: los diputados centralistas (parte de los de Buenos Aires, Cuyo y algunos de la provincias interiores); los localistas (encabezados por los cordobeses seguidos por otros provincianos y algunos porteños) y los diputados altoperuanos, que procuraban establecer un régimen centralizado, pero libre de la influencia de Buenos Aires. El Congreso logró la unanimidad para declarar la Independencia, lo cual se realizó el 9 de julio de 1816, pero no se definió sobre la forma de gobierno. Las posiciones fueron muchas veces encontradas: Belgrano defendía la restauración de la monarquía incaica; el diputado Oro, de San Juan, pedía que el gobierno no resolviese en asuntos tan graves sin consultar previamente a los pueblos, y el representante Anchorena se inclinaba por la fórmula federal. Era evidente que las posiciones contraponían a monárquicos y republicanos y como el Congreso no pudo resolver sobre la forma de gobierno, se trasladó a Buenos Aires para auxiliar y asesorar al poder ejecutivo (Directorio). El 3 de mayo de 1816, Juan Martín de Pueyrredón fue designado Director Supremo (1816-1819). Los problemas políticos – militares que tuvo que enfrentar el nuevo Director fueron complejos. En principio, ante la amenaza de una expedición española, Pueyrredón se entrevistó con San Martín en Córdoba y le aseguró su apoyo para realizar la campaña al Perú cruzando la Cordillera de los Andes. El 29 de julio el nuevo Director llegó a Buenos Aires en medio de una renovada tormenta política. La llegada del director designado por el congreso en Tucumán puso fin a esta confusión política.

De todo lo anterior, colegimos que la valoración de las fechas patrias sigue dos caminos. Por un lado, comprender el alcance del hecho en su propio tiempo y el lugar de su gesta; y por otro, valorar la gravitación que ese acontecimiento tuvo en el porvenir. La dualidad del enfoque nos invita al ejercicio de la conciencia histórica y a reflexionar sobre nuestra propia época; en la cual todavía discutimos, a nivel continental, los lineamientos que mejor se acomodan con las asignaturas pendientes hacia el futuro pero con la dirección de los ecos de nuestro pasado.

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~ por historiaenmarcha en 9 julio, 2010.

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