AGUAFUERTES UNIVERSITARIAS. Primer Postal

Casi como en una condena impuesta por los dioses griegos volví nuevamente a bucear en las alturas (lamento eternamente el oxímoron) de una montaña de apuntes de facultad en franco proceso de mutación cromática. Una labor irrecusablemente realizada por todos y que, dependiendo del caso, nos depara sorpresas y prueba en nosotros algo más que la transición al color amarillo de las hojas. En una partecita de su Momo, un libro no apto para devotos de la monstruosidad moderna, León Batista Alberti escribió: “Asimismo la naturaleza como se ha podido observar desde que el mundo es mundo, ha reunido la inmensidad y la excepcionalidad con la rareza de forma que parece incapaz de concebir nada bello y grandioso que no sea también raro”. La belleza y la gracia de lo raro, el clamor de lo impensado o la “sorpresa” de lo previsible pueden, en esta Argentina del 2010, suscitar reacciones cuanto menos repudiables.

            Hace poco más de un mes, una asamblea universitaria en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA arrojó el resultado negativo de que algunos estudiantes no apoyan la sancionada pero no aplicada Ley de Servicios Audiovisuales. No es aquí el lugar para pensar cuál es el valor mandatorio de una asamblea, esa imperfecta democracia estudiantil que funciona cada cierto tiempo tal vez porque los estudiantes somos imperfectos o quizás porque algunos no sean tan democráticos. He ahí la “sorpresa”: algunos grupos políticos (variopintos por cierto) de una de las universidades públicas más reconocidas del mundo hispano parlante se opondrían a que la parla sea plural. Sin dudas todo esto debe tener alguna justificación. En efecto, como el sistema capitalista es el peor mal que pueden sufrir las sociedades históricamente devenidas, entonces la ley en cuestión reproduciría dicho sistema con sus relaciones productivas específicas y por lo tanto, la clase obrera sería la que como siempre pague los platos rotos. Amén.

            La experiencia del acto comunicacional es universal como así también debiera ser el acceso a la educación, primer paso para poder entender y decodificar ciertos mensajes. No así la producción de los mismos, porque hasta alguien que no pasó jamás por un aula puede dibujar un árbol y con ello darnos algún mensaje, tal vez más elevado del que pueden dar cuenta algunos lectores de Marx. En definitiva, la condición humana paradójicamente condiciona la incomunicabilidad. Producción, recepción (y quisiera introducir también) distribución del contenido, pero para hacerlo es necesario plantarse desde las condiciones reales de existencia. Es decir, desde una sociedad mediatizada. Si se desea, hasta en los aspectos más profundos de la vida privada. Lo que se ha denominado globalización ha ido de la mano de nuevos fenómenos culturales y comunicacionales que han revolucionado la forma de acercamiento entre las personas. Se me viene a la mente una breve frase: “Besos por celular” decía Divididos en su bello Spaghetti del Rock (Esto es para aquellos que no conciben a un intelectual que puede citar a un humanista del siglo XV y también recordar temas de bandas de rock). La elocuencia de la anterior frase es un reflejo de cómo se puede describir un fenómeno social y de cómo una pieza musical es hija de un contexto dado. La relevancia de esto último supongo yo que hasta Joaquín Morales Solá la debe comprender.

            Pero no es por caerle solo a él en tono acusatorio; ya también en nuestros claustros universitarios los mismos grupos que están en contra de de la Ley de Servicios Audiovisuales, también supieron salir a la palestra de lo que fue un acto de Madres de Plaza de Mayo en el cual se hacía un juicio público moral y completamente simbólico a ciertos periodistas de un grupo multimedio hegemónico. Particularmente, ciertas declamaciones públicas de Hebe de Bonafini no me son muy gratas, sin embargo comparto con ella el repudio a muchos de los sucesos acaecidos en nuestro país que no vienen al caso señalar. No tengo empacho en decir que no concurrí al acto en el cual se “enjuiciaba” a los periodistas del Grupo Clarín (a pesar que esté a favor de la Ley) pero si fui testigo de cómo una parte de la sociedad repetía los mismos argumentos de insanía mental que la última dictadura volcó sobre madres y abuelas de desaparecidos. “¿Cómo pueden hacer eso? Es una locura poner públicamente en tela de juicio la labor de un periodista” repetían algunos. Otros, políticamente de izquierda, se rasgaban las vestiduras diciendo que tal acto era parte de una persecución “fascistoide” emprendida desde el gobierno. Nuevamente la “sorpresa”: un entusiasta opositor a la ley pero concurrente a la asamblea de Sociales repetía el mismo argumento que un contador de San Isidro; el cual repetía, en su fondo, el mismo argumento de locura que la última dictadura militar (aquello de las “locas de la plaza”). Lo vuelvo a aclarar: Hebe de Bonafini no es santa de mi devoción pero ni por asomo podría pensar que aquel acto haya tirado por la borda sus años de militancia y lucha, al contrario, creo que los enaltecen y reafirman. ¿No es acaso el simbolismo de aquel acto el mismo que rige las asambleas universitarias? Obviamente, los que se reunieron en Plaza de Mayo aquel día no tienen el poder de apresar a Ernestina Herrera de Noble ni de restituir sus hijos a sus familias biológicas, ni mucho menos quitarle el titulo universitario a Magdalena Ruiz Guiñazú. Del mismo modo, los estudiantes que se proclamaron en contra de la ley en la Facultad de Sociales no son ni por asomo la muestra total del alumnado universitario ni mucho menos pueden las asambleas ejercer con total soberanía política nuestra vida política.

            Sin embargo, hay una cuestión que debiera tener mayor resonancia en los campeones a la hora de defender la clase obrera. ¿Cómo explicarle a los miembros de una radio comunitaria del conurbano que esta ley reproduce el sistema capitalista, está motorizada por un gobierno embaucador que no defiende su verdadero derecho de expresarse y que justamente por reproducir aquel sistema va en contra de la clase obrera? En definitiva, ¿Cómo explicarle a las voces de una radio de cualquier villa que no son clase obrera? Desde ya que la marginación poblacional del espacio productivo o la progresiva precarización de las condiciones laborales durante la década de los noventa generaron movimientos sociales de fácil reconocimiento que requirieron canales por los cuales expresar su postura frente al mundo justamente porque adoptaron un parámetro adquirido por la clase obrera desde sus inicios. Que villas, comedores infantiles, parroquias, programas alfabetizadores tengan su columna radial, su espacio en folletines o su página de internet es tan consecuente como el derecho de anarquistas, socialistas y sindicalistas de fines del siglo XIX y principios del XX a tener su propio espacio para difundir ideas, a pesar de las persecuciones del Estado argentino (deportación y Estado de Sitio mediantes). Es en este punto cuando se hace culmine la contaminación visual de los amplios carteles que me invitan a ver PTS TV o leer Prensa Obrera.

            Finalmente he dado con el apunte de facultad por el cual di inicio a la búsqueda: he comprendido que el castigo de los dioses griegos puede ser una obra de compasión a lo absurdo del ser humano en esta tierra. Pero basta de sofismas, he dado finalmente con él, la tapa de la Secretaría de Publicaciones dependiente del Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras (“glorioso” según María Laura Santillán) me lo anuncia, es el libro de Francisco Rico El Sueño del Humanismo, código 5/88 para los entendidos, 51 hojas para los neófitos. Supongo que la conducción política del Cefyl era distinta cuando estaba en el primer piso, no lo recuerdo. Pero… ¿Qué es esto? Una extensa cita en la tapa llama mi atención antes de disponerme a leer la obra sobre aquellos tiempos lejanos tan poco comprometidos con estos que nos pegan un cross a la mandíbula. La reproduciré para que nadie me llame fabulador: “Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas. Esta vez es posible que se quiebre ése círculo”. RODOLFO WALSH. Como aún no he fracasado en la historia entonces todavía no me dedicaré a la necromancia. Sin embargo ¿Podrá alguien decirle al escritor de la carta abierta a las juntas que la por entonces conducción del Cefyl (año 2005) marchó públicamente con la Sociedad Rural Argentina en 2008? Nuevamente la “sorpresa”. De esta situación variopinta pude pensar que lo sorpresivo solo es teorizable una vez que ha perdido todo efecto en la persona sorprendida. Es decir, lo que nos sorprende no tendría porqué ser pensado al mismo tiempo que nos causa admiración; caso contrario ocurre con aquellas cosas que de existencia tan obvia se pueden sacar conclusiones por adelantado. El asombro y la risa se conjugan, a pesar de alejamientos temporales pues a menudo reímos de aquello para lo que estamos preparados y, entonces deja ya de ser una simple sorpresa. Con esto, no hago más que remitir al texto antes posteado de la risa y la política.

Charly Sánchez

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~ por historiaenmarcha en 27 junio, 2010.

Una respuesta to “AGUAFUERTES UNIVERSITARIAS. Primer Postal”

  1. Entonces no soy el único que desde la izquierda, piensa que hay un montón de pretendientes de zurdos que están siendo funcionales a lo peor de la derecha…pero ni siquiera sé di da para gastar saliva…Me ha pasado de ver este tipo de actitudes, de vanguardias “iluminadas” en mi propia agrupación ( soy un hijo de desaparecidos ) pero es recorfontante cada tanto encontrar pensamientos inteligentes. En mi modesta opinión claro. Prometo extenderme y fundamentar mis dichos, con argumentos, como corresponde, pero tengo parciales pendientes de Historia y no puedo darme el lujo ni de leer los carteles de publicidad que veo mientras camino, jaja. Hasta pronto.

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