Algunas impresiones sobre los festejos del Bicentenario

Estas breves líneas, lejos de tratarse de un concienzudo y sofisticado análisis que explique lo que nos ha dejado la celebración del Bicentenario, apenas pretenden ser un intento de expresar, en la medida de lo posible, las impresiones experimentadas como vivencias únicas de quienes hemos sido partícipes de estos históricos festejos.
Más que nunca podemos hablar de fiesta, ya que esta definición recoge muy bien el espíritu que abrazó a todas las jornadas, inundando de júbilo y alegría el paso de cada evento que con pinceladas de regocijo fueron grabando en nuestros corazones la enorme satisfacción de la presencia compartida. La reunión, ese volver a encontrarnos regó el áspero cemento urbano para hacer florecer sobre su superficie la emoción de reconocernos juntos en la diversidad de millones de recorridos que hasta no hace mucho parecían lejanos. Fue entonces cuando nuevas y genuinas formas de querernos como pueblo comenzaron a sobrevolar la atmósfera de nuestro tiempo, desplazando aquel patriotismo chauvinista de cartulina que sectores reducidos pero mandantes otrora supieron construir (a pesar de que sigamos saltando al corear ese cántico que nos saca de foco al mirar afuera).
En esa orgía de símbolos exultantes que la representaron y en nuestra excitación, irradiante de placer, la nación se fue reproduciendo cobrando nuevos significados: todas, todos, fuimos y somos Argentina. Ese ha sido tal vez el sentimiento más fuerte que atravesó cada momento del Bicentenario, el de sentirnos productores colectivos de nuestra historia, porque cada uno de los que vivimos y morimos en estas tierras hemos contribuido de manera conjunta a su constitución. Así como en los festejos, todos fuimos protagonistas
Cuando destellaban en el cielo los últimos fulgores de la celebración sentí la fuerza de aquello indescriptible que nos convoca y nos une. La nostalgia enseguida me invadió. Sabía que al otro día el ritmo del tiempo volvería a correr con la rutina de lo habitual, pero sabía también que su dirección definitivamente había cambiado.

Martín Rivadero Paiva

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~ por historiaenmarcha en 31 mayo, 2010.

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