Notas sobre el Golpe Militar y la política

Las metas vertebrales del último golpe de Estado cívico militar, según sus propios ejecutores consistían en generar las condiciones sociopolíticas adecuadas para la instalación de una “democracia estable” postdictadura y la implementación de un modelo económico que reestableciera una clara preponderancia de los sectores dominantes tradicionales en el reparto de la renta y la riqueza del país.
Para tales objetivos se apeló a una reconstrucción de la legalidad que, fundada en la excusa del peligro subversivo, dejaba márgenes confusos en la frontera que la separaba de sus transgresiones. En esos espacios siniestros y oscuros se perpetró el miedo y el terror, erosionando el cuerpo de una sociedad que, a pesar de los vaivenes de su historia, se articulaba en torno a construcciones colectivas de las cuales el Estado era su mayor representante.
El Proceso de Reorganización Nacional, así llamado por sus artífices y realizadores, impactó de lleno en ese modelo colectivo de organización social para hacerla estallar en múltiples fragmentos que dieron como resultado una nueva articulación en clave individualista.
Los efectos de la desmovilización social provocada por el Proceso muchas veces reniegan de ser historizados y demostrar sus raíces. Frases tristemente célebres y cotidianas como “no te metas” o “algo habrán hecho” son con toda seguridad frutos del desprecio militar por la movilización política de la sociedad y que lejos de representar atavismos extraviados y anacrónicos son tópicos de una mentalidad subyacente que opera a diario.
El desprecio de la política en un sistema democrático no es un tema menor ya que impone a las instituciones estatales y a la dirigencia en general limitaciones varias que hacen a su debilidad y demuestran que su poder se reduce a una gerencia de los poderes reales. Lo que queremos decir es que la configuración del sistema democrático actual hunde sus raíces precisamente en los años duros. ¿Acaso no son los grupos concentrados, aquellos que emergieron con el favor dictatorial, los que detentan hoy el poder real?
Creemos en fin que un sistema democrático sólido necesita fortalecer la concepción de que lo político es esencial para que las premisas de la democracia tengan alcance e impacto, pero también comprender que ésta no sólo es un compendio de derechos que por estar formalmente explícitos cumplen su misión automáticamente. Para que éstos cumplan su cometido es necesario, creemos, ser participes activos de nuestra vida social, volver a involucrarnos, dejar atrás el escepticismo y volver a creer. Pero para lograrlo debemos trabajar día a día para volver a darle dignidad, esa que otros le robaron, a la política.

Sebastián Sosa y Martín Rivadero Paiva

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~ por historiaenmarcha en 25 abril, 2010.

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